Actualizado: 14:26 - Sábado 19.05.2012
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Una semana de sin sentidos
Por Luis Tonelli Las contradicciones mediáticas sobre el rol del Congreso, el “espacio de publicidad” para Jorge Videla y los absurdos de David Cameron.
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Hay veces que uno se harta y 
coquetea un poco con el oscurantismo. Hay veces que uno se pregunta si la proliferación de artículos (entre ellos, éste), blogs, twitters, facebooks, y otras centrífugas de información, no nos lleva a una indigestión tal de datos que todo resulta en una masiva cacofonía. Jean Baudrillard, el de Las estrategias fatales, le gana fácil al John Stuart Mill de Sobre la libertad. La tecnología nos abruma, nos satura. Morimos cerebralmente empachados de sobreinformación. Y, peor aún, sobreinformados acerca de la nada que, se sabe, es la materia prima del espectáculo. Si no, ¿cómo resumir en una imagen algo que implica una argumentación de varios juicios concatenados? Lo que también nos indica que mucho más fácil es armar una operación de prensa dañina, que una argumentación constructiva o, cuanto mucho, defensiva.
El espectáculo exitoso es de digestión inmediata y, por eso, siempre tiene como su gran aliado inicial al sentido común. La operación de prensa explota siempre un prejuicio. Así, se logra desatar fácilmente la indignación popular por el aumento disfrutado por los legisladores. Y sabemos que, en realidad, la cuestión no pasa por el dinero, sino porque muchos creen que el Congreso es una institución inútil, más allá de la cantidad de debates históricos que se dieron en el recinto parlamentario en estos últimos años: ley de medios, matrimonio igualitario, re-estatización de Aerolíneas, el debate sobre la resolución 125.
Y lo más triste es que los argumentos más energúmenos en contra de los legisladores provienen de aquéllos que también se rasgan las vestiduras ante el híperpresidencialismo. Como si debilitar al Congreso no implicara naturalmente fortalecer el decisionismo presidencial (en el extremo, está la demanda de una dictadura tecnocrática, obvio).
No era noticia que los sueldos de los legisladores estaban atrasados, no recibiendo ninguna actualización por años, y que habían quedado desproporcionadamente rezagados con respecto a lo que percibía el personal de apoyo legislativo. No porque los legisladores no deberían cobrar nada porque son vagos, chorros y parásitos. Lo insólito es que muchos de los que piensan así depositan el voto en la urna para que ellos sean elegidos. De esta manera, los representantes resultan abominados por sus representados.
Y, por supuesto, los medios no pueden sino alimentar esa hoguera de desconfianza (más allá de todo lo que hacen los políticos individualmente para encenderla), ya que ellos buscan erigirse como la expresión directa de la gente, sin negociación, sin rosca, sin contaminación alguna. Como también están los que ya colocaban a Daniel Scioli como el jefe de la oposición al gobierno nacional, dentro del peronismo.
Las marcadas de cancha iniciales que ensayaron el vicegobernador Gabriel Mariotto y los leales al gobernador fueron cimbronazos naturales que siempre se dan hasta que los melones se acomodan cuando la carreta comienza a andar. Están los que se esperanzan con la reedición del enfrentamiento interno en el peronismo bonaerense entre Oscar Bidegain y Victorio Calabró. Aunque si aquella vez fue como tragedia, esta vez será como farsa. Y, la verdad, no será ni tragedia ni farsa porque la historia no se repite, pese a lo que Hegel y Marx hayan dicho, en esa esperanza inútil que tuvieron de encontrar las leyes que rigen el devenir humano. O sea, será algo distinto y se verá qué será.

Pero la provincia de Buenos Aires es muy importante para rifar su gobernabilidad en entuertos y, menos, para hacerles el caldo gordo a los pregoneros del catastrofismo. Hay una elección legislativa que se viene, una serie de frentes conflictivos abiertos, y la Casa Rosada apareció, en las últimas horas, apoyando a los Gobernadores. Celebró la purga policial que ordenó Daniel Scioli y que ejecutó el ministro de Seguridad, Ricardo Casal, quien, por lo que se decía, ya estaba renunciado hacía unas semanas atrás.
Por otra parte, la Presidenta se colocó al frente de la defensa de las actividades mineras, lo que resultó en un espaldarazo político muy fuerte (y no exento de riesgos) a los Gobernadores de esas provincias. Eso, sumado al comienzo de las paritarias, el mítico techo del 18 por ciento a las negociaciones, la represión a los ex conscriptos que, a los 50 años, demandan ser considerados veteranos de guerra porque fueron movilizados al Sur. En realidad, todos los que teníamos en esos años edad bélica de merecer, deberíamos ser así veteranos de guerra, ya que fuimos víctimas de la guerra que los medios procesistas ganaron previamente para hacer de la derrota algo todavía más humillante, ya que también, según el artículo 21 de la Constitución Nacional, “todo ciudadano argentino está obligado a armarse en defensa de la Patria y de esta Constitución”.
Y, ya que hablamos de medios procesistas en el marco del sin sentido generalizado de la sociedad mediática en la que estamos inmersos, queda claro que de esta crítica no se salvan tampoco los medios del Primer Mundo. La entrevista realizada por el periodista español Ricardo Angoso a Jorge Rafael Videla (a quien en una comunicación radial que se le hizo no dejó de aludir como el general Videla, status militar que perdió al ser destituido durante el gobierno de Raúl Alfonsín) pareció más bien la publicación de unos de esos reportajes ficticios, en los que el entrevistado se hace él mismo las preguntas, las contesta a piacere y, luego, las manda por mail para que se las publiquen sin tocarle una coma.
Más que una entrevista, fue un espacio de publicidad que Cambio 16 cedió graciosamente al asesino de lesa humanidad más terrorífico que haya asolado a la Argentina, en la que no hubo ninguna repregunta y todos eran centros tirados para que el dictador afirmara que, en la Argentina, hubo una guerra, que la guerrilla atea y marxista estaba al borde de tomar el país, que los desaparecidos cayeron casi todos en combate, que todos habían recibido instrucción guerrillera foránea,  y la conocida sarta de mentiras que a ese criminal se le antojó decir.

Y, como digno colofón de una semana de sin sentidos, el primer ministro David Cameron haciendo gala de su eximio manejo del non sense (no por nada se educó en la Universidad en donde estudió y enseñó el maestro de ese género literario, Lewis Carroll). A la programada llegada del príncipe William en misión humanitaria- a las Islas Malvinas, el envío del Her Majesty´s Ship Dauntless -un destructor misilístico tipo 45 de 7500 toneladas de desplazamiento-, el despacho de un submarino nuclear -según la prensa británica-, se le suma la visita, el próximo mes, de cuatro parlamentarios del Comité de Defensa. Y, lo último, el arribo de un ministro del Gabinete, el primero en pisar en su carácter las Malvinas, David Willets, quien por supuesto se manifestó a favor de la autodeterminación de los isleños.
El dato non sense es que Willet (también educado en la misma universidad que Cameron y Carroll, ¡uff!) es ministro de Universidades. Y haberlo enviado a las Malvinas es lo mismo que si la Argentina hubiera mandado al ministro de Agricultura Norberto Yahuar al Sahara. Porque, obviamente, en las Islas Malvinas no hay universidad alguna, salvo un par de escuelas. Eso sí, muy lindas.  

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