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| Locos y locas contra la pared |
| Por Liliana Viola El fotógrafo Gilles Tondini recorrió doce hospitales de París y registró en un libro, por primera vez en la historia, las expresiones artísticas, eróticas y maniáticas que “los sanos”, según una tradición de la Edad Media, tienen permitido estampar en las paredes de una de las salas de los nosocomios, “la salita de estar”. |
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Hablarle a las paredes”, muy lejos de ser una expresión de pura impotencia, por obstinado, por radical, es un recurso que tiene como principal propiedad la de repercutir. Las paredes oyen, las paredes resisten, serán lo duras que son pero no se van de allí, los mensajes rebotan y dan contra el que los emite. Hay que estar bien loco para hablarle a una pared sí, pero en algún momento todos lo hacen, incluso los que se creen más cuerdos. Un libro de imágenes delirantes, obvias algunas, aberrantes otras y que sin dudas se encuentran entre las más pornográficas que se hayan publicado en la historia de los graffitis, da testimonio de esto. Si la mirada ochentona y pop del diseño urbano prestó atención al arte callejero, a su contenido político y popular, incluso a su elitismo y a la carroña escatológica de los baños y los trenes, ahora le ha llegado el turno a una subcultura que desde hace siglos es un secreto a voces en todos los centros para locos de Francia y en muchos de sus hospitales públicos, y que médicos y enfermeros han sabido mantener hasta ahora de espaldas contra la pared. No sólo desde Lacan sino mucho antes, desde los médicos cazadores de brujas en la Edad Media que interpretaban lo que más tarde se llamó “enfermedad mental” como asunto del diablo, la idea de la pared, muro donde lamentarse, estuvo presente asociada a la relación entre pacientes y terapeutas, o dicho de otro modo: los que hablan y los que escuchan. De hecho, según documenta el libro L’Image Obscene. Parisian Hospital Break Room Graffiti (La imagen obscena. La sala de guardia de los hospitales parisinos), una bellísima y violenta colección rescatada por el fotógrafo Gilles Tondini que contiene frisos, escritos, dibujos varios que pueden hallarse en al menos doce hospitales públicos de Paris, este hábito de reservar un espacio para dibujarle las paredes es una tradición de los centros de salud europea incluso antes de que fueran estrictamente centros de salud, es decir ya desde la Edad Media. Fue por entonces que se construyeron los primeros centros públicos dedicados exclusivamente a acoger enfermos mentales. Los pioneros, inaugurados por sacerdotes españoles visionarios que comenzaron retirando las cadenas de rigor y comenzaron a implantar un tratamiento moral más misericordioso que siglos más tarde sería retomado por los franceses, por estos años se comienza a incorporar un departamento dedicado a la atención de niños y simultáneamente a pensar modos de descomprimir a través de la expresión gráfica, hacer expresar fantasías y desmanes mentales. Allí aparecen las primeras salas de guardia dedicadas a la libre expresión. Pero, pequeño detalle, dicha sala no fue jamás pensada para la liberación de los internos sino para gusto y placer de los sanos. Aunque la recopilación de imágenes donde la obscenidad es la medida de todas las abstracciones y de las figuras más realistas, donde los traumas y catálogo de sueños interpretados aparecen en toda su literalidad, estos dibujos no están realizados por los pacientes sino por los médicos y enfermeros, personal encargado de lidiar con la locura. Los artistas sexópatas son los que supuestamente están encargados de ejercer de la pared, de atravesarla y de hablar ellos mismos contra ella.
JUNTA MÉDICA La sala se llama “Salles de garde”, que podríamos traducir por sala de guardia, es el lugar destinado al personal del hospital y es la única en el marco de estos edificios que siguen siendo casi carcelarios y asépticos, que rompe drásticamente con sus reglas de decoración. Por un lado, la existencia de este espacio está sostenida por un acuerdo tácito de las autoridades con la tradición milenaria, y por el otro, funciona como un pequeño acto de rebeldía, casi escolar, la instancia donde la formalidad y lo esperable de los serios galenos, se desmorona. Mantener la mente clara, descargar, tomarse en broma todo lo que pasa en el quirófano, parecen ser las razones que esgrimen médicos y enfermeros a la hora de explicar la existencia de estos frisos irreverentes en un lugar tan serio. De algún modo, el equivalente gráfico de los cruentos e impiadosos chistes que, se sabe, médicos y médicas, enfermeras y camilleros suelen contar a la vera del agonizante. La calidad, los colores estridentes como norma, y los temas recurrentes que aparecen en hospitales de barrios muy dispares, hablan de algo que deben tener los profesionales de la salud en sus cabezas. Según, Marie L. Bouchon, la escritora e investigadora que acompaña las imágenes con un estudio crítico, “más que un lugar de esparcimiento se trata de un espacio donde los residentes vienen a cambiar opiniones, contar sus experiencias y entonces el delirio de las paredes contribuye a hacer de este lugar una especie de oasis en el desierto de un medio hospitalario, un lugar donde descargar el stress que provoca la enfermedad, la muerte, la locura”. Siempre habrá algún artista entre los médicos que avalado por lo que ya está hecho y empoderado por sugerencias de sus compañeros avance en su legado en los muros que incluyen el homenaje a grandes médicos o científicos respetados por todos, pasan por caricaturas de enfermeras o pacientes del hospital en cuestión, y siguen con la expresión más violenta de las propias frustraciones. A todo esto agréguele usted sexo. Bouchon construye una breve reseña de esta sala y de los cambios que ha sufrido en su decoración desde los tiempos medievales en los que el cirujano y barbero tenía en su cubículo la costumbre de auto decorar su pequeño reino y que fue adoptada por los grandes hospitales que se levantaron el siglo XVIII. La descripción de estos ambientes, desde sus comienzos deja suponer que siempre han sido entendidos como un santuario donde los doctores y las enfermeras iban a buscar y encontrarse con una vía de escape. El libro está organizado en12 capítulos donde se cuenta la historia particular de cada hospital y su correspondiente salita del horror.
EL COLOR DE LA LOCURA Una de los grandes enigmas para los historiadores del arte es el autorretrato que se hizo van Gogh mientras estuvo internado en la clínica mental de
Saint-Rémy. Lejos del sanguíneo, barbado y peludo y pelirrojo, modelo de otros autoretratos, aquí aparece lampiño, descolorido, con una mirada perdida y si faltaran algunas señales, con un pijama de internado. ¿Era éste un autorretrato o estaba Van Gogh queriendo legarle a sus contemporáneos la imagen misma de la locura? El estereotipo de la demencia y del delirio es lo que emparenta a las imágenes de todos los hospitales registrados en este libro. De lo más burdo hasta lo más vanguardista, elijan como modelo a un actor famoso o a un ser de género y reino animal indefinible, siempre están en poses delirantes, provocadoras, obscenas y forzando la máquina de lo cuerdo y de lo sano. Provocan risa, pero no la risa del chiste ni la del error ajeno, sino una risa nerviosa, un desconcierto sobre el sentido del humor que domina las imágenes. Los mismos doctores se retratan desnudos en posiciones poco agraciadas, se incluyen en cuadros clásicos pasan por escenas bíblicas, retratan el jardín de las delicias redoblando la apuesta del original y lo mismo hacen con imágenes del Apocalipsis, el Juicio Final y otras fantasías sagradas. Pocos gestos tan disruptivos como escribir, dibujar, estampar, garabatear una pared. Dos actos extremos: “arruinar” el interior, tan cuidado por la pintura y por el arte enmarcado o arruinar el espacio público las fachadas. Pero en estos casos, se trata de una descarga que se ha mantenido en secreto dentro del círculo de profesionales, un acto disruptivo para un pequeño cenáculo, la de los dioses de guardapolvo blanco. La obscenidad y el descontrol encerrados en un cuarto propio, al menos según lo expresan estos frescos, son una de las condiciones de la buena salud.
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