Actualizado: 05:41 - Sábado 04.09.2010
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“Es necesario un gobierno económico de Europa”
Por Carolina Keve El embajador de España en la Argentina, Rafael Estrella, analiza la crisis política que atraviesa el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero
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Sin duda, José Luis Rodríguez Zapatero atraviesa su peor momento en estos seis años de gestión. Las secuelas de la tormenta financiera internacional se han traducido en un aumento de la tasa de desempleo, cercana al 20 por ciento, y algunos analistas y dirigentes políticos ya hablan de la posibilidad de que se convoque a elecciones anticipadas. En este contexto, y dispuesto a no perder la iniciativa política, el gobierno español convocó a un acuerdo de Estado, algo así como una reedición del Pacto de la Moncloa que hace unos treinta años permitió a España salir de una de sus más grandes crisis.
Rafael Estrella, ex legislador del PSOE, ex eurodiputado y actual embajador de España en la Argentina, dialogó con Debate sobre la difícil situación que enfrenta la gestión socialista y analizó los posibles escenarios que se plantean ante una realidad incierta, con una oposición fragmentada y poco benévola, y un oficialismo cada vez más bajo en las encuestas.

Durante las últimas semanas se habló de la posibilidad de que el gobierno de España llame a un pacto de Estado. ¿En qué situación se encuentra esta convocatoria?
Es un planteo que surge en cualquier situación de crisis. En todo país con una situación política normal, los grandes temas tienen que ser objeto de acuerdo con los diversos sectores sociales. Con lo cual parece sumamente lógico que, ante una situación excepcional como la que estamos enfrentando, se busquen puntos de convergencia. De hecho, los sindicatos y las patronales acaban de llegar a un acuerdo y están trabajando con el gobierno en objetivos vinculados con la reforma del mercado de trabajo.
Pero, ¿cómo caracterizaría hoy la relación con los sindicatos? Hace poco, obligaron a Zapatero a dar marcha atrás con la reforma del sistema jubilatorio.
Creo que tenemos un diálogo franco. Obviamente, están preocupados por la situación de sus afiliados y de aquellos trabajadores que han perdido su empleo o que no pueden entrar al mercado de trabajo formal. Pero la posibilidad de extender la edad de jubilación a los 67 años es un objetivo que se mantiene. La expectativa de vida se ha incrementado, con lo cual  la capacidad de una persona para mantener su actividad se ha ampliado. Por otro lado, se está buscando esa misma convergencia con algunas fuerzas de la oposición, y  ya hemos tenido buena recepción. El Partido Nacionalista Catalán ha expresado su disposición para participar del diálogo. Eso sí, la respuesta del Partido Popular ha sido negativa, pero si se avanza en un acuerdo con los empresarios y los sindicatos creo que va a ser muy difícil que una fuerza política quiera quedarse afuera.
¿La actitud del PP no se ha transformado en un obstáculo para salir de la crisis? Mariano Rajoy ya advirtió que no participará porque Zapatero nunca lo escuchó.
En absoluto. Afortunadamente en España tenemos un sistema parlamentario que es muy dinámico, donde el propio presidente se somete todas las semanas a un control del Congreso. Zapatero ya fue a debatir sobre las consecuencias de la crisis. Respecto del PP, parece no mantener una posición común sobre qué hacer frente a la crisis. No dieron ninguna respuesta ante esta necesidad de reformar el sistema jubilatorio o sanear el sistema financiero. Hasta el momento, lo que ha planteado Rajoy es la reducción de los impuestos. Pero parecería difícil de entender que en momentos de crisis, donde hay que reducir el gasto, no se le permita al Estado mantener un nivel de ingreso importante. Justamente, una de las ventajas de España, además de contar con una deuda reducida, es que tiene una presión fiscal que es seis puntos más baja que la media de la Unión Europea, con lo cual hay colchón para aumentar esa presión. De hecho, a partir de junio va a entrar en vigencia un aumento del IVA del 16 al 18 por ciento.
En su blog en The New York Times, Paul Krugman sostuvo que uno de los principales problemas que enfrenta España para salir de la crisis es el euro.
Creo que es un enfoque inteligente. El euro supone una limitación para todos los países. España, durante la crisis de los noventa, lo que hizo fue devaluar. Devaluó cuatro veces. Hoy estamos en una relación de interdependencia monetaria con el resto de los países europeos y no tenemos esa posibilidad, con lo cual tenemos que buscar otros mecanismos. Ahora, lo que Paul Krugman ignora es que lo que está pasando nos trae a un debate que en su momento tuvo la UE con la creación del euro, que giró en torno de la necesidad de una autoridad económica común. Hoy, si bien estamos avanzando con el Tratado de Lisboa hacia la unión política, por reticencia de algunos países miembro, como Alemania, no se creó una autoridad económica. Sólo se acordó una serie de elementos para que la evolución de una economía no dañe al resto, como un piso del 3 por ciento para el déficit público. Pero ese pacto de estabilidad no resuelve por sí solo los problemas. Si hubiera una autoridad central hubiéramos podido anticiparnos a la crisis y las respuestas serían más rápidas. No puede ser que en estos momentos nos enteremos de que  algunas de las gestoras de fondos de Estados Unidos ayudaron a “maquillar” las cuentas de Grecia. Frente a estas situaciones, tiene que haber una autoridad que permita avanzar, desde la política, hacia la unión económica.
¿En qué se sostiene el rechazo de Alemania hacia esta medida?
Por su condición de líder europeo y su capacidad de influencia, Alemania no quiere someterse al conjunto de los países europeos y siempre confió todo a la autoridad del Banco Central Europeo. No digo que eso esté mal, el Banco Central mantiene su autonomía. Pero el conjunto de las políticas económicas debe salir de los gobiernos representados en una autoridad central.
Desde el gobierno, ¿qué autocrítica hacen? Es cierto que la coyuntura internacional no ha sido favorable, pero muchos coinciden en sumar una serie de errores políticos.
Si hacemos una valoración de los componentes negativos, enseguida surge el peso excesivo que asumió en nuestra economía el sector de la construcción. Justamente es uno de los sectores más golpeados en sus tasas de empleo. El crecimiento que tuvo este sector durante los últimos años, además de contener un componente especulativo, tuvo un factor muy negativo que fue afectar los indicadores de competitividad de España, ya que se trata de un sector de baja cualificación y escaso valor agregado. Igualmente, con la crisis actual, no creo que haya gobierno europeo que se salve. Todos han bajado en las encuestas. Es normal, forma parte de la preocupación del ciudadano común y su escepticismo respecto de las posibilidades que tiene la dirigencia política para sacarlo de la crisis. Además, se agrega el bombardeo de información que recibimos constantemente, que hacen que el estado de opinión sea completamente ciclotímico.
Justamente en algunos medios se habló de una crisis política e incluso hubo dirigentes que mencionaron la posibilidad de que se convoque a elecciones anticipadas.
Quienes hacen esos planteos a partir de las encuestas no ayudan, no confieren confianza a los ciudadanos. Y esto es algo importante. Hace unas semanas hubo un ataque muy importante por parte de los fondos buitre contra las finanzas españolas, equiparándolas con la situación de Grecia.
La prensa no ha ayudado.
No ha ayudado, y fíjese cómo funcionan los formadores de opinión como el Financial Times, que con sólo un despliegue de unos días, pasó de hacer ola a esos especuladores a cambiar su discurso sobre España. Igualmente, también creo que es responsabilidad del gobierno que no supo anticiparse y contribuir a generar un estado de opinión favorable. No hay que olvidar cómo funciona la especulación financiera, y ahí la presencia política de un estado es fundamental. Por eso es necesario un gobierno económico de Europa. Creo que debemos hablar de un gobierno mundial que tome en cuenta el funcionamiento de las finanzas. Hoy no se puede pensar aisladamente. En una coyuntura como la actual, un país no se salva solamente si mantiene ordenadas sus cuentas públicas.
Ahora bien, tampoco parece surgir una alternativa desde la oposición.
En efecto, la caída de imagen del presidente no se ha traducido en un aumento de la valoración positiva en Mariano Rajoy. El problema es que no parece haber un planteo diferente para salir de la crisis. Aunque lo más deseable sería una concepción compartida. En este contexto es necesario.
¿Cuáles son hoy los principales desafíos que enfrenta España?
Antes hablamos del sistema previsional, una de las principales preocupaciones es la sostenibilidad del sistema de pensiones, porque en todo este tiempo el fondo de garantía social creció y ahora tiene 60 mil millones de euros, que hay que cuidar.
Otra de las grandes preguntas pasa por el desempleo.
Creo que ya hemos dado señales. Frenamos la tendencia ascendente del nivel de destrucción de empleo. Ahora hay que iniciar la recuperación del tejido laboral. Algunos sectores muestran una recuperación, como por ejemplo la venta de automóviles. En este sentido, aparece como urgente una reforma del sistema financiero que elimine riesgos y permita recuperar la confianza. Buena parte de esta crisis tiene un componente psicológico importante. No obstante, más allá de todo, España sigue siendo el séptimo país receptor de inversiones en el mundo. Creo que ése ya es un signo positivo.


La situación de la UE
Muchos analistas sostienen que la respuesta de la Unión Europea a la crisis ha sido demasiado moderada. ¿España coincide con esa lectura?
Nosotros tenemos en claro que hay que hacer reformas estructurales. Pero también resulta necesario atender la realidad de cada país. Lo que diferencia a España en su comportamiento económico de otras economías europeas es el desempleo. Hoy enfrentamos un 18 por ciento de desempleo, mientras que Alemania prácticamente no ha sufrido ese problema. Obviamente esto tiene que ver con la evolución reciente. Porque lo que no se dice es que a partir de 1996, desde que arrancó su ciclo expansivo, España ha creado siete millones de puestos de trabajo. Es decir, el crecimiento de la población activa ha sido cuatro veces mayor que en Alemania.
Hay quienes vinculan la falta de reformas estructurales desde el bloque con el giro a la derecha de muchos gobiernos europeos. ¿Cómo puede afectar este escenario a la gestión del PSOE?
Recién estamos a la mitad de mandato, todavía restan dos años de gobierno y dos años en política es una eternidad. Considero que ésa es una incógnita que pronto se despejará, pero, por el momento, no me atrevería a hacer ningún pronóstico. Por otro lado, no creo que todos los países en Europa se muevan al unísono. Es cierto que hay ciclos y, así como hubo una mayoría de gobiernos de izquierda, hoy podría decirse que tenemos una mayoría de gobiernos conservadores. Pero eso no significa que lo que pasa en la política francesa se traduzca en la política de Portugal. Hay parámetros comunes de acción, conceptos e ideas centrales como la del estado de bienestar, que forman parte de un acerbo compartido y que ningún gobierno, ni el más conservador, se atreverá a destruir.

La relación con la Argentina
Durante los últimos días, el ingreso de Telefónica a Telecom generó diversas reacciones del gobierno argentino. Se anunció una multa por 240 millones de pesos a Telefónica y se llegó a hablar de una estatización de Telecom. ¿Este tipo de respuestas generó algún tipo de malestar en España?

Telecom es una empresa italiana y lo que está discutiendo el gobierno argentino es si hay posición dominante en Telecom. No me corresponde opinar sobre eso.
Pero una estatización en estos momentos, ¿no afectaría los intereses de Telefónica?
Primero que no veo probable una fusión, y si la hubiera, es potestad del gobierno argentino analizarla. En la UE o en Brasil la compra de Telecom por parte de Telefónica planteó una serie de exigencias. En este caso, creo que no hay una posición dominante por parte de Telefónica, pero se trata de un debate largo.

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